Sin reservas imposibles, sin regalos forzados y sin compararte con nadie. Solo tú, tu casa y un plan que no empiece con “¿qué nos ponemos?”.
Estar en casa tiene algo maravilloso: puedes ser exactamente como eres. Pijama a las siete, calcetines desparejados, sofá conquistado.
En San Solterín, la casa deja de ser “el plan B” y pasa a ser el plan perfecto.
No hace falta redecorar nada. Con bajar la intensidad de la luz, encender una vela o recoger lo justo para no tropezarte… ya vale.
No todos los planes memorables tienen que ser épicos. Algunos son cómodos. Y eso ya es bastante.
La que ya has visto tres veces. La que sabes cómo acaba, pero igual te quedas hasta tarde.
¿Hace falta algo más?
El autocuidado no siempre es yoga al amanecer. A veces es hacer menos, no más.
Eso también cuenta.
San Solterín no va de celebrarlo todo ni de ponerse profundo. Va de estar a gusto. De no hacer planes solo “porque toca”. De entender que quedarse en casa también es elegir.
Este 13 de febrero, si no te apetece nada especial… perfecto. A veces, el mejor plan es no complicarlo.
Y hacerlo desde casa.